martes, 15 de febrero de 2011

¿Cuánto nos importan nuestros vecinos? (II)

En la entrada anterior, cerramos con una pregunta: ¿Cómo es posible que en un área concreta llegue a darse una distribución heterogénea? ¿No es eso contraproducente? No sólo eso, sino que además parece contradecir nuestra intuición económica. A fin de cuentas, si una zona urbana en concreto es muy demandada, por las razones que sean, efectivamente sus precios aumentarían; pero ese hecho motivaría que las familias se asentasen en zonas menos demandadas y por tanto más baratas, lo que propiciría a su vez un incremento de precio en esta última al tiempo que se produciría una bajada del precio en las primera. En definitiva, dentro de la facilidad de movilidad que se supone se produce en el espacio de una misma ciudad, los precios deberían converger hacia un precio más o menos homogéneo, por no decir único. Sin embargo, ésto no sucede. No sólo se aprecian diferencias entre distintas zonas (incluso con fronteras claramente delimitadas, como veíamos en la entrada anterior) sino que éstas son persistentes en el tiempo. En pocas palabras, la gente pudiente reside y se asienta en zonas de gente pudiente, mientras que lo mismo sucede en el caso de la gente menos pudiente ¿Por qué sucede ésto?

Esta fue la misma pregunta que se hizo el economista americano Thomas Schelling (n. 1921), uno de los instigadores de la moderna teoría de juegos e intelectual destacado en el periodo de la Guerra Fría, laureado con el Nóbel en el año 2005. Entre las principales preocupaciones de Schelling se encontraba la segregación urbana, especialmente la que se producía (y se sigue produciendo) por motivos raciales entre estadounidenses blancos y negros.  Schelling desarrolló sus intuiciones en torno a este tema a través de un modelo muy sencillo, que trataré de exponer a continuación [1]. Supongamos un tablero con 64 casillas dispuestas en forma de damero y 60 fichas de dos tipos: blancas y negras. Sobre cada casilla colocamos del tablero colocamos alternativamente una ficha de cada color, dejando vacías las casillas de las esquinas del tablero. Vamos a imaginar que cada ficha representa a una persona, y el color, alguna característica en especial. Por ejemplo, supongamos que las fichas blancas representan a gente "pudiente", mientras que las negras representan a gente "pobre", aunque podríamos escoger las características que quisiésemos, como negros y blancos, nativos e inmigrantes, etc. Además, cada tipo de ficha tiene sus preferencias. Así, las "familias pudientes" (fichas blancas) no tienen ningún problema conque haya personas pobres en su barrio. Ahora bien, todo tiene un límite. Si de repente una familia pudiente se da cuenta de que el número de familias pobres ha aumentado hasta el punto de ser mayoría, empezará a preocuparse por la posibilidad de que dejen de proveerse servicios de cierta calidad, o de que la delincuencia pueda aumentar por efecto de la pobreza, o de que sus hijos pudiesen empezar a frecuentar compañías poco deseables (¡nadie piensa en los niños!). Siendo un poco más concretos, diríamos que si una familia pudiente se percata de que dos terceras partes de sus vecinos son familias pobres, entonces decidirá marcharse del barrio. ¿Dónde? Pues a otro en el que las familias pobres sean menos numerosas (por lo menos, que no lleguen a ser las dos terceras partes de todos los vecinos). Las preferencias de las familias pobres son análogas. Pueden soportar tener como vecinos a "ricos estirados", pero todo tiene su límite. Si el barrio se atesta de ricos, piensan, comenzarán a ser discriminados, las tiendas subirán sus precios, los servicios públicos se olvidarán de ellos, o puede que sus hijos comiencen a sentirse infelices al ver todo lo que otros tienen y ellos carecen. Además, tener ricos en el barrio puede alentar que aumente la delincuencia ante un objetivo tan tentador, y no es que se trate de una situación muy alentadora para una familia, sea pobre o no. En cualquier caso, si una familia pobre que sus vecinos ricos alcanzan las dos terceras partes, optarán por mudarse a una zona más afín a sus necesidades y situación socieconómica, mal que les pese.

La situación inicial que hemos descrito, en las que cada tipo de ficha o familia se dispone en nuestro tablero de forma alternativa puede interpretarse como un ejemplo de sociedad perfectamente integrada. Las familias ricas y las pobres conviven armoniosamente, sin que se genere ningún problema entre ellas. Obviamente, la armonía se mantiene no por los motivos personales o creencias de cada familia (bastante prejuiciosos, por otra parte), pero las preferencias son bastante moderadas. Desde luego, las cosas podrían ser mucho peores. La imagen que presentaría nuestro tablero de Schelling para una sociedad perfectamente integrada sería la siguiente [2]:


Sin embargo, la realidad no suele ofrecernos ejemplos de este tipo. Es más, si el anterior ejemplo nos muestra una sociedad perfectamente integrada, también nos muestra una sociedad tremendamente frágil. Para ver por qué, supongamos una ligera variación. Quitemos 20 fichas al azar, por ejemplo, y agreguemos también al azar 5 fichas donde queramos. Una posible nueva distribución, realizados estos cambios, sería la siguiente:

El tablero parece ahora más desordenado, pero teniendo en cuenta que 45 fichas mantienen su posición original, cabe esperar que todavía se trate de una distribución bastante integrada. Sin embargo, la pequeña diferencia resulta crucial. Si observáis detenidamente, veréis que algunas fichas blancas se encuentran "rodeadas" por más fichas negras que blancas, y viceversa, lo cual incumple las pautas que habíamos marcado. Para solucionarlo, moveríamos cada una de estas fichas a cualquier otra posición en la que no incumpliese las reglas. De esta forma, se iniciaría una reacción en cadena, cuyo resultado, dada la distribución anterior, bien podría ser éste:

No importa lo minuciosamente que intentes mezclarlas: las fichas se escurrirán lentamente hasta concentrarse en espacios segregados, o guetos. Así, resulta sorprendente como un grupo mixto de familias, que en principio no presentaban mayor inconveniente en vivir con otras de diferente condición socioeconómica en la misma zona urbana, termina segregado en grupos homogéneos según su nivel medio de renta en un proceso que acaba paulatinamente con la diversidad. En palabras de Thomas Schelling: "Una muy pequeña preferencia por no tener como vecinos a demasiados personas diferentes a ti, o incluso, sencillamente, la preferencia por tener algunas personas en el vecindario que sean como tú... podría conducir a radicales efectos en el equilibrio que se asemejaría mucho a una segregación extrema" [3].

¿Cómo podrían comprobarse los resultados de este modelo para el caso de Madrid? En principio, resulta complicado. Madrid es una ciudad con mucha historia a sus espaldas, de ahí que establecer una historia coherente que explique los asentamientos de población en distintos barrios, y en última instancia, la configuración socioeconómica urbana, requeriría de considerable esfuerzo. No obstante, no se trata de una tarea imposible, y desde luego, sería mucho más sencillo de realizar para el caso del crecimiento de las llamadas ciudades dormitorio (Alcobendas, Móstoles, Coslada, etc.). En cualquier caso, al margen de ejemplos, queda patente como, en ocasiones, no son necesarias ni medidas drásticas ni acciones extremas para obtener resultados de ese calado: basta con una pequeña diferencia respecto a las condiciones iniciales. ¿A alguien le resulta familiar?

[1] Puede consultarse más sobre el modelo de segregación de Schelling en su artículo "Models of segregation", The American Economic Review, 59(2), 488-493. También en el capítulo 4 de su libro "Micromotives and Macrobehavior" (1978).
[2] Elaboración propia a partir de ejemplos análogos en Harford, Tim, "La lógica oculta de la vida" (temasdehoy, 2008) . Por alguna extraña razón, en cuanto haces alguna virguería con sombras y relieves en el Word, al Paint le da por empoderarse y me saca imágenes que parecen salidas de una imprenta medieval. Espero que aun así, aparte de lo poco estiloso que pueda resultar, no dé mayores problemas para entender los ejemplos que se describen. Mis disculpas.
[3] Entrevista con Thomas Schelling, noviembre de 2005. 

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