miércoles, 6 de octubre de 2010

La provisión de bienes públicos (II): el modelo de Tiebout

En la anterior entrada comenzamos a hablar de la provisión de bienes públicos, y por el momento, parecía que el único resultado era asumir una ineficiencia insalvable pero necesaria. O en otras palabras, sí, podíamos asumir que una economía podía alcanzar un equilibrio, pero éste no sería eficiente en el sentido de Pareto (precisamente por incluir los bienes públicos) [1]. Sin embargo, no todos los economistas estaban dispuestos a resignarse. Así, en un paper ya mítico titulado "A Pure Theory of Local Expenditures" (1956) el economista Charles M. Tiebout [2] propuso una original línea de argumentación que, más allá de dar una solución definitiva, abría enormes puertas para el desarrollo de la Economía Pública moderna.

El razonamiento de Tiebout es el siguiente. Efectivamente, la provisión de bienes públicos a nivel central se encuentra ante los problemas que comentamos en la entrada anterior. Los consumidores no tienen demasiado donde elegir, el sector público de la región en la que nacen es algo que les viene dado. Lo único que puede hacer éste es "adaptarse", en la medida de sus posibilidades, a las preferencias reveladas de los consumidores. No obstante, no tenemos por qué asumir lo mismo con la provisión de bienes públicos locales. A fin de cuentas, los individuos pueden cambiar de localidad, y es más, normalmente lo harán tomando en cuenta una serie de consideraciones, muchas de ellas relacionadas con los bienes públicos que en ella se provean, tales como la tranquilidad de la localidad, la seguridad, el carácter de sus habitantes, su oferta de ocio, la calidad de sus escuelas o de su atención sanitaria, la extensión de sus zonas verdes, el cuidado de sus playas, etc. Todas estas variables son o bienes públicos provistos por la propia autoridad local o bienes que, aunque pudiesen ser privados, presuponen una correcta provisión de algún bien público concreto (como pudiera ser el orden público, por ejemplo). En EE.UU. las corporaciones locales proveen una gran cantidad de servicios, como la educación, pero sería igualmente fácil trasladar todas estas consideraciones en el caso español a las CC.AA., sin ir más lejos (y también podría hacerse con respecto a los distintos países del mundo, ya que el modelo de Tiebout únicamente habla de "regiones", pero en este último caso sería asumir demasiado). Asimismo, las distintas administraciones locales cobran diferentes niveles de impuestos con el que poder sufragar estos bienes públicos, lo cual es algo que los individuos también toman en consideración antes de elegir en qué zona vivir.

De esta forma, Tiebout explica que a diferencia de la provisión de bienes públicos por parte de alguna autoridad central, la descentralización nos permite contemplar los bienes públicos ofertados por cada corporación local o región como un sistema competitivo, en el que las distintas regiones se esfuerzan por captar población a la vez que maximizar el bienestar conjunto de sus habitantes. Es más, bajo esta óptica, Tiebout afirma que de hecho puede alcanzarse un equilibrio que, emulando un equilibrio competitivo, sea además eficiente en el sentido de Pareto. La disyuntiva que nos planteamos en un principio respecto a los bienes públicos queda así superada gracias a la descentralización.

Obviamente, el modelo de Tiebout contiene unas suposiciones bastante concretas y restringidas (movilidad completa de los consumidores, patrones de gasto fijadados de antemano por las corporaciones locales, etc), pero no por ello su contribución pierde validez, sobre todo frente a las palabras de Samuelson: "However, no decentralized pricing system can serve to determine optimally these levels of collective consumption (...)". Por su parte, la conclusión de Tiebout a la luz de su modelo es clara: "The solution, like a general equilibrium solution for a private spatial economy, is the best that can be obtained given preferences an resource endowments".

Sin embargo, antes de dejarnos lleva por la emoción, no está de más recordar que no es oro todo lo que reluce. ¿Cómo, es que hay pegas? Desgraciadamente sí (aunque a veces se olvide, recordad que la economía es una ciencia y, como tal, para cada contribución siempre hay alguien esperando acertadamente a refutarla). Eso sí, para saberlo, tendréis que esperar a la siguiente entrada.

Enlaces recomendados

[1] Para saber qué es o para más información sobre el concepto normativo de eficiencia en el sentido de Pareto puede consultarse mi entrada relacionada con el tema, aquí.
[2] Podéis consultar otros trabajos de Tiebout, así como información sobre su vida académica y personal en su página web dedicada de la Universidad de Whasington, aquí.

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4 comentarios:

Carlos Rodrigo Zapata C. dijo...

Estimado Ramón,

Me complace mucho tu interés por los bienes públicos, una temática sobre la que vengo reflexionando hace ya un tiempo atrás.

Veo que las entradas que haces son muy buenas y orientadoras sobre la cuestión, en particular el dilema que surge a partir de la provisión de bienes públicos por parte del Estado y la provisión de bienes públicos locales vía descentralización como forma de superar la ineficiencia característica del sector público. Sólo por abundar en este último punto, dicha ineficiencia también tiene que ver con sus limitados recursos, con la imposibilidad de proveer bienes públicos más ajustados o acordes a las necesidades de grupos más pequeños, con las trabas burocráticas, la incompetencia, la corrupción, etc.

Lo que pretendo es contribuir a levantar el manto de resignación que percibo en el abordaje que efectúas de la temática, cuando sostienes que ”parecía que el único resultado era asumir una ineficiencia insalvable”.

Mi punto es partir de los bienes colectivos que usualmente pueden y deben ser provistos por la organización de los mismos interesados. Estos bienes resuelven varios de los problemas típicos de la provisión estatal de bienes públicos –free rider, ineficiencia, sub-provisión, etc.-, a la vez que genera respuestas y dinámicas nuevas.

Dichos bienes son provistos para un colectivo determinado (el conjunto de los interesados en el bien o servicio respectivo), por lo que el tamaño de la unidad de producción y su escala de operaciones deben ajustarse a los requerimientos del conjunto de sus miembros.

Ello ya organiza los aportes individuales, lo cual evita el free rider y permite alcanzar un nivel de eficiencia razonable, a la vez que evita una provisión en escasez o demasía. Por otro lado, resuelve el problema básico asociado a la provisión de bienes públicos y colectivos: la frecuente imposibilidad que un miembro aislado del grupo, sociedad o colectividad, pueda por si mismo proveer el bien público o colectivo en la cantidad requerida. Por lo general, sólo la cooperación permite ese resultado.

Ahora bien, el otro resultado es que no se requiere de Estado para todo ello, excepto para no trabar o entorpecer las cosas, sino la movilización activa de los interesados, la acción colectiva de la sociedad y sus grupos para actuar sobre sí misma. Qué significa ello? Que el grupo con intereses similares y una buena dosis de cooperación y propio interés, tendría que estar en condiciones de proveerse los bienes colectivos que requieren sus integrantes.

Ello implica la producción de una diversidad de externalidades positivas que son aprovechadas o disfrutadas por el propio grupo gestor de dichos bienes que en muchos casos hacen posible el paso de un estado de subsistencia a un estado de crecimiento continuo. Para abundar aún más, aparece en escena la sociedad civil, como el gran artífice del proceso de cambio y desarrollo que va marcando sus propias pautas y co-definiendo el futuro, en alianza o competencia con el propio Estado y el sector privado.

Un autor que se halla en la médula de estas reflexiones es Mancur Olson con su “The logic of collective action: public goods and the theory of groups”.

Es cuanto deseaba compartir contigo y felicitarte por tu blog, que expresa toda una gran pasión por el estudio y comprensión más amplia de la economía.

Cordialmente
Carlos Rodrigo Zapata
La Paz, Bolivia.

Ramón Mateo Escobar dijo...

Carlos,

Ante todo, bienvenido. Encantado de tenerte por aquí :) Tu comentario resulta enormemente interesante y, la verdad, mejora con creces la entrada que he escrito (¡se merecería una propia!). Es cierto que, más allá de bienes privados y públicos puros, hay toda una gama de grises en los que podríamos circunscribir las distintas formas de organización correspondientes a los bienes comunales. Es algo de lo que tenía constancia a través de Elinor Ostrom (de la que por desgracia sólo he tenido algunas referencias, si bien la tengo en la lista de próximas lecturas).

No obstante, al margen de tu excelente descripción del planteamiento sobre el problema de los bienes comunales, y de sus posibles efectos, no sabría decir hasta qué punto la temática es equiparable a la provisión de bienes públicos locales de la que habla Tiebout. No porque ambas no puedan centrarse en el mismo problema (provisión de bienes públicos), sino más bien por la estructura del agente proveedor (en un caso el bien público es un bien comunal, lo que da lugar a una organización distinta de la que puede ser una agencia local). Los bienes públicos provistos en cada caso, igualmente, se me antojan en cierta manera distintos (en función de su finalidad o modo de explotación, por ejemplo). Es más, la diferencia con respecto a la gestión de los bienes comunales también encuentra ciertas limitaciones, por ejemplo al enfrentarse a economías de escala. En definitiva, a priori los concibo como problemas distintos con necesidades distintas y que por tanto han de ser abordados desde ópticas propias.

Eso sí, naturalmente nada de lo dicho le resta un ápice de validez, y en verdad, te agradezco que saques el tema. A pesar de las diferencias (si las hay) ambos temas se encuentran ampliamente interrelacionados (de hecho, tal y como lo concibo, serían dos aproximaciones organizativas distintas encaminadas a una misma finalidad) y además, el enfoque "local" sigue predominando, algo en lo que sí pareció acertar de lleno Tiebout.

Por otra parte, he estado a su vez echando un ojo a las contribuciones de Mancur Olson y realmente parece muy interesante. Me has obligado a incluirlo en mi lista para próximas referencias.

Y sobre todo, lo dicho: bienvenido, estás en tu casa. Espero verte en próximas entradas ;) A tu disposición.

omzap dijo...

Ramón, Carlos:

En primer lugar, comparto la felicidad en cuanto a encontrar un blog donde el interés por discutir ideas y teorías económicas sobrepasa el calor político coyuntural; es raro, por ende, apreciable. (disculpen, se me escapa el economista interior a cada rato)
Tratando de encontrar puntos en común, no sería la teoría de bienes colectivo/comunales, explicada por Carlos (Olson), un "extremo lógico" de la teoría de bienes locales de Tiebout?
Clarificando el inventado termino "extremo lógico": si Tiebout encuentra mas eficiencia en moverse de una economía totalmente centralizada a una competencia de gobiernos locales, no es consecuente sostener que los bienes colectivos serian aun mas eficientes? (disculpen mi teclado en ingles)
Obviamente si seguimos la lógica planteada: a mayor descentralización mayor eficiencia, podríamos terminar en el anarquismo; que por ser extremo reconozco cierto escepticismo, al menos de mi parte.
Encantado de escuchar tus comentarios y nuevamente felicitándote por el blog.
Antonio P.

Ramón Mateo Escobar dijo...

Antonio,

Antes de nada, bienvenido al blog. Encantado de tenerte por aquí ;)

A mi juicio, mediante la descentralización total no se alcanzaría necesariamente una situación eficiente. Determinados bienes o servicios públicos sólo pueden proveerse en cantidades discretas (i.e. número de escuelas), o cuya función de producción es del tipo coeficientes fijos de Leontief (i.e. una clase requiere un profesor, una pizarra y una caja de tizas, en esas justas proporciones, y sólo podemos ampliar la capacidad productiva de la escuela en tanto se incrementen los tres factores en la misma proporción). Además, tienes que tener presente la presencia de economías de escala (i.e. un servicio de recogidas de basuras puede ser eficiente a una escala que abarque, por ejemplo, cinco localidades, pero no sólo una) o de gama (i.e. la señalización vial es más efectiva con agentes de tráfico, y viceversa).

En cuanto a la especulación anarquista, probablemente sus planteamientos e implicaciones me sobrepasen. Sin embargo, no estaría de más recordar que precisamente la Economía Pública surge como disciplina frente a uno de los fenómenos sociales más importantes -el del "free rider"-, cuya solución generalmente pasa por el establecimiento de un sistema de alguna forma coactivo. El anarquismo, al menos en su versión clásica, minusvaloraba al "free rider" ante el supuesto de que bajo la instauración de dicho sistema se operaría algún tipo de cambio antropológico -el "nuevo hombre"- que lo erradicaría por completo. Aunque, todo sea dicho, permíteme que no le conceda ninguna credibilidad (conozco, por otra parte, de alguna que otra propuesta teórico relacionada con "agencias de seguridad privada", pero su desarrollo, según tengo constancia hasta el momento, no pasa de la mera especulación, i.e. David Friedman Law's Order http://www.daviddfriedman.com/laws_order/index.shtml)

Nuevamente, sé bienvenido :)

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