¿Somos envidiosos por naturaleza? Antes de poder responder esta pregunta, deberíamos plantearnos qué entendemos por envidia. Los economistas (o cuasieconomistas) solemos emplear el concepto de aversión a la desigualdad, que viene a decir que, en general, una persona se siente mal cuando las condiciones de quienes les rodean, en sentido económico, son distintas a las suyas. En términos técnicos, diríamos que los agentes computan en su función de utilidad las condiciones económicas (i.e., las dotaciones iniciales) del resto de agentes de la economía y experimentan una disminución en su utilidad en tanto esas condiciones sean distintas a la suya propia. Obviamente no tenemos por qué suponer simetría en esa valoración: por lo general, una persona se sentirá peor (o incómoda, o molesta, o frustrada, como queráis) cuando sus vecinos son más ricos que él. No obstante, no son pocas las personas que se compadecen y se sienten mal ante la pobreza de sus congéneres. Este hecho también deberíamos interpretarlo bajo la misma óptica de aversión a la desigualdad. No sería correcto hablar de envidia, como tradicionalmente se interpreta, en este último caso (la envidia, como tal, aparecería únicamente frente a individuos que tengan una condición mejor a la propia).
El estudio del comportamiento de los individuos cuando consideramos su aversión a la desigualdad deja tras de sí resultados bastante interesantes, como el hecho de que los individuos están dispuestos a gastar una parte considerable de sus recursos en reducir esa desigualdad frente a sus semejantes, o al menos a aparentarlo (en general el gasto que entendemos dedicado a ostentación formaría parte de esta categoría). Del mismo modo podemos entender por qué los individuos juegan a la lotería: la posibilidad de que alguno de tus vecinos, amigos o compañeros de trabajo de ser ganadores, por pequeña que sea, supone en cierto modo una amenaza a vuestro statu quo relativo (algo que se entiende mejor respecto a los boletos de lotería que se compran en grupo o entre compañeros).
Como nunca está de más hacer publicidad, sobre todo cuando se trata de mi alma mater, os dejo a continuación una pequeña presentación realizada por Antonio Cabrales de recientes estudios relacionados con las causas y consecuencias económicas de la envidia que se han llevado a cabo en la Universidad Carlos III de Madrid. Sin más, os dejo el vídeo, que podéis ver aquí.


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