miércoles, 3 de noviembre de 2010

Los efectos de la inmigración, ¿son siempre perjudiciales?

Generalmente se asume que la inmigración es un fenómeno perjudicial para el empleo. Siempre, claro está, desde el punto de vista de los trabajadores locales. Quizá únicamente si una economía crece, se diría, puede asumirse que la inmigración no afecte a los trabajadores locales, pero eso es sólo aparente: a fin de cuentas, el aumento de la mano de obra presiona los salarios a la baja, lo cual sí que repercute sobre los trabajadores locales. Podríamos resumir la sabiduría popular sobre la inmigración en la cacareada frase "los inmigrantes nos roban nuestros puestos de trabajo". Los más condesciendentes, en todo caso, añadirán que "no es justo, ellos están dispuestos a aceptar salarios más bajos, pero ellos no tienen que afrontar los gastos que tenemos nosotros". Nótese el sentimiento tribal que aflora en todas estas circunstancias.

A pesar de todo, estas valoraciones son bastante intuitivas. De hecho, a primera vista un análisis del mercado de trabajo desde una perspectiva más bien clásica respaldaría estas valoraciones. Si la oferta de trabajo aumenta más que la demanda, o ésta última no aumenta en absoluto, el resultado en el nuevo equilibrio será un salario de mercado más bajo. O en caso de rigidez salarial (luego entendemos desempleo) podemos prever que las nuevas contrataciones sean únicamente de inmigrantes al estar dispuestos a aceptar salarios más bajos, pudiendo incluso llegar a desplazar a los antiguos trabajadores locales, que únicamente están dispuestos a aceptar mayores salarios (iguales a los de los trabajadores locales de otros sectores, todo sea dicho). Como decía, a primera vista esta explicación puede parecernos acertada. ¿De verdad es así?

En realidad, no. De hecho, la literatura económica sobre el tema contiene numerosos estudios que demuestran que la inmigración no perjudica ni los salarios ni tampoco las oportunidades de empleo de los trabajadores locales. ¿Cómo puede suceder ésto? Porque en realidad ambos tipos de trabajadores no compiten entre sí, o lo hacen en una escasa proporción. En un trabajo reciente, Francesco D'Amuri y Giovanni Peri analizan 14 economías europeas durante el periodo 1996-2007. Su conclusión es que los inmigrantes generalmente ofrecen un trabajo poco cualificado, lo cual permite a los trabajadores locales optar por trabajos de mayor cualificación, incrementando a su vez la demanda agregada. El efecto neto para la economía es positivo, o al menos puede serlo, para sorpresa de algunos. El siguiente gráfico, obra de los autores mencionados, muestra para las economías analizadas la relación entre empleos cualificados y no cualificados (o los requerimientos de trabajo para cada uno) para cada tipo de trabajadores inmigrantes y locales en los años contemplados:


Puede apreciarse que, en líneas generales, los trabajadores locales han ido ocupando una proporción creciente de empleos que requieren cualificación, al contrario que los inmigrantes, que muestran una tendencia inversa. Los datos presentados en el gráfico son relativos, ya que obviamente también hay trabajadores locales que desempeñan puestos poco cualificados, pero la proporción de éstos es mucho menor, es más, decreciente durante todo el periodo. Cónstese que ésto no quiere decir que los trabajadores inmigrantes sean poco cualificados, sino que ofertan, o compiten, o son demandados, en trabajos que requieren poca cualificación (probablemente, y entre otras cosas, porque estén dispuestos a aceptar salarios más bajos en relación a sus homólogos locales).

No obstante, se me antoja pensar si éstos resultados son representativos de la economía española en particular. Si la proporción de trabajadores con escasa cualificación (y por tanto, probablemente incapaces de optar por trabajos que requieran mayor cualificación) es elevada, ¿se producirá el efecto de desplazamiento de los inmigrantes, o se entablará una verdadera competición entre éstos y los trabajadores locales? ¿Habrá entonces efecto expulsión o una bajada del salario de equilibrio, como podría predecir la teoría en el caso de trabajadores homogéneos? No sabría decirlo, menos aún si esta última situación es la que efectivamente puede darse en España. O quizá simplemente estoy subestimando el mercado laboral de mi país. Quién sabe.

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4 comentarios:

Enrique Carrera dijo...

Muy buena presentación. Aunque a toda la argumentación de porqué el aumento de población activa (trabajadora) inmigrante no debería afectar a los trabajadores locales, le veo un pequeño (aunque puede que equivocado) agujero.

Argumentas, acertadamente, que los inmigrantes acceden a trabajos de baja cualificación, lo que permite a los trabajadores locales acceder a puestos más cualificados. Pero la población total aumenta, de tal manera que en los puestos de trabajo más cualificados, aumenta el número de pretendientes. ¿No afectaría esto a la baja a los sueldos en los puestos de alta cualificación?¿No podría afectar en una bajada de la calidad del empleo?

Un saludo.

Ramón Mateo Escobar dijo...

Enrique,

Efectivamente, tu argumentación es correcta. Si la población activa aumenta por causa de la inmigración, provocando un desplazamiento de los trabajadores locales hacia los puestos de trabajo que requieren una mayor cualificación, entonces, ceteris paribus, la teoría nos diría que los salarios de los trabajadores cualificados bajarán (asumiendo que el mercado se vacía) o bien, que se habrá desempleo. Esta última explicación parece la más acorde con la realidad. Siguiendo el razonamiento: Los trabajadores inmigrantes ocupan los puestos de trabajo que requieren menor cualificación, los trabajadores locales se desplazan hacia puestos de trabajo que requieren mayor cualificación, unos cuantos los consiguen (bajada de salario en trabajos cualificados de por medio) mientras que otros se quedan desempleados (siempre hemos de tener presente las rigideces salariales y demás fricciones en los mercados de trabajo). La situación final se presenta cuanto menos curiosa: el desempleo se apreciará, precisamente para los trabajadores locales (que son los que compiten por puestos que requieren cualificación), al menos en mayor medida que entre los inmigrantes. Esta situación se puede entender además por la mayor competencia, y a su vez mayores fricciones, que se aprecia en los mercados de trabajo cualificado (los trabajadores poco cualificados son fácilmente sustituibles).

No obstante, he remarcado antes la condición de ceteris paribus. ¿Por qué? Porque hay que tener presente que el aumento de la población activa y el desplazamiento consecuente pueden tener un efecto estimulante en la demanda agregada, lo que propiciaría que se produjese un incremento neto en la economía (técnicamente, nos moveríamos hacia un equilibrio superior, si asumimos pleno empleo de los recursos).

A pesar de todo, este hecho puede ser "demasiado optimista". Los engranajes de los mercados no funcionan ni tan bien ni tan rápido como sería deseable en muchas ocasiones. A ésto se une el hecho de que no considero insignificante la propia composición del mercado laboral. A fin de cuentas parece que asumimos en todo momento que los trabajadores locales están más "cualificados" que los inmigrantes. ¿Qué ocurre cuando la mayor parte de tu población activa se compone de trabajadores poco cualificados? ¿Qué implicaciones tiene este hecho en la competencia por puestos de trabajo en distintos niveles y el desplazamiento de trabajadores de unos sectores a otros? Y cómo no, ¿qué puede decirse del caso español, particularmente, a este respecto?

Enrique Carrera dijo...

"¿Qué ocurre cuando la mayor parte de tu población activa se compone de trabajadores poco cualificados? ¿Qué implicaciones tiene este hecho en la competencia por puestos de trabajo en distintos niveles y el desplazamiento de trabajadores de unos sectores a otros? Y cómo no, ¿qué puede decirse del caso español, particularmente, a este respecto? "

Quizá sea este el problema que hemos tenido en España. Debido al auge de la construcción, hemos tenido un exceso de personal poco cualificado (y en algunos momentos ganando un pastizal), que ha ido siendo desplazado por inmigrantes, sobre todo a raiz de la crisis, ya que estos trabajan igual por menos dinero. Al no tener estos chavales ninguna cualificación (que no sea poner un ladrillo encima del otro), tenemos a un montón de analfabetos en el paro sin posibilidad de darles trabajo por no saber hacer la o con un canuto.

Un saludo.

Ramón Mateo Escobar dijo...

"Debido al auge de la construcción, hemos tenido un exceso de personal poco cualificado (y en algunos momentos ganando un pastizal), que ha ido siendo desplazado por inmigrantes, sobre todo a raiz de la crisis, ya que estos trabajan igual por menos dinero".

Hay ciertos aspectos interesantes que conviene destacar. Durante todos los años de bonanza, la economía española no sólo fue capaz de generar puestos de trabajo para la población desempleada en su momento, sino también suficientes para acoger toda la nueva población activa (entre la cual se incluyen a su vez los inmigrantes).

En todo caso, si quisiésemos encontrar un desplazamiento entre trabajadores locales e inmigrantes habría que mirar no en el sector de la construcción, sino en otro sector que tradicionalmente ha requerido una mano de obra aún menos cualificada: la agricultura. En él sí que resulta apreciable un desplazamiento de trabajadores locales hacia la construcción en detrimento de una población inmigrante que competía por puestos eminentemente agrícola.

En este sentido, ambos efectos (incremento de la demanda agregada y desplazamiento entre sectores por cualificación) pueden observarse en la economía española. ¿Que la competencia era entre un sector nada cualificado y uno escasamente cualificado? Sí, podría decirse, pero es en puntos como ése en el que deberíamos comenzar a plantearnos qué tipo de estructura económica hemos tenido, y en su defecto, hacia cuál debemos o queremos tender.

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